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¿Sabías que la Real Academia de la Lengua solo ha tenido once mujeres en trescientos años de historia?

Hasta 2013 no había tenido a una mujer dirigiendo una de las academias. Solo tres hasta 2019, lo que incluye la española y las veintitrés academias hispanoamericanas.

Los vigentes estatutos establecen en su artículo x que «elegirá la Academia sus individuos entre las personas que considere más dignas, en votación secreta y, como mínimo, por mayoría absoluta de votos».

Ya me rondaba por la cabeza que había una desigualdad en esos sillones, pero tanta… ¡me parece un verdadero desastre!
A raíz de un encargo profesional me puse a investigar sobre el Lenguaje inclusivo, que hasta el momento no le había dado la importancia que se merece y me he dado cuenta de que como dice María Martín en “Ni por favor ni por favora”  ha llegado un punto en que tengo que reconocer que no me siento incluida en un todos, ni en un ciudadano, ni en un trabajador.

La Necesidad de reivindicar que estemos representadas.

Ha llegado un punto en que necesito reivindicar la necesidad de representar a las mujeres en el discurso hablado y escrito. Como profesional de la comunicación y como forma personal de cambiar el mundo. No se necesitan presupuestos, ni reales decretos ni de leyes ni decisiones judiciales. Solo voluntad.

El masculino genérico es una decisión que tomaron un montón de hombres.

Un montón de hombres sin mujeres, en un tiempo en el que las mujeres tenían prácticamente prohibido el acceso a la formación y carecían de voz y tono.

¿Cómo escribir sin dejar fuera del discurso a la mitad de la población? ¿Cómo expresarse de forma correcta, amena y comprensible sin discriminar a nadie? ¿Cómo usar el lenguaje para incluir y no excluir?

Decir tod@s, o todes, o todos y todas, o todas y todos o todxs está muy bien, sobre todo como forma de llamar la atención. Y a la vista está que escuece, solo hay que entrar en Twitter para verlo. Pero, creo que la intención es que la propuesta pueda ser acogida con facilidad por cualquiera que ponga intención, porque no se trata de tener razón, sino de incorporar el uso para que pueda cristalizarse en la norma. Para que tenga que ser recogido en el diccionario.

Sobre esto y los que dicen El lenguaje no sexista es antinatural, Olga Castro decía en su artículo: Rebatiendo lo que otrOs dicen del lenguaje no sexista.

“Resulta curioso que tanto fastidien las barras para indicar la presencia de mujeres y hombres en la construcción significativa de un enunciado, pero que no molesten cuando se utilizan para indicar ‘y/o’, el plural en frases como ‘según la/s ley/es vigente/s’, etc. Al final va a ser que lo molesto no son las barras, sino las mujeres! También en estas guías suele recomendarse un uso limitado de la grafía @ por resultar impronunciable y no tener una lectura asociada, aunque todavía nadie haya establecido cuál es la pronunciación o la lectura asociada de otras grafías como ( ) o [ ], por ejemplo! 

Por otro lado, en realidad nada puede crear un lenguaje antinatural porque el lenguaje no es un ente estático ni ajeno al uso. Así, por definición, nunca puede ser natural. Al contrario, es una construcción humana que refleja determinados valores (con frecuencia, los dominantes), un constructo social y una cuestión de hábito que responde a las necesidades de comunicación de una sociedad, tiempo y lugar determinado. Y por lo tanto, puede cambiar(se). Y (se) cambia.”

Las trampas son muchas. Casi tantas como palabras y reglas gramaticales.

Andocentrismo.

No es solo el masculino genérico, aunque sea lo más llamativo y evidente. Son el androcentrismo del diccionario, el orden sintáctico elegido como adecuado, la definición de las palabras, el propio orden del diccionario oficial, las reglas de la concordancia. Es el sesgo machista de los ejemplos que hay en él. Una determinada forma de entender el mundo se ha adentrado en el diccionario. Las prácticas y experiencias masculinas se observan y describen con aparente cuidado, o con un menor descuido, como mínimo. La experiencia y el saber masculino se sitúan como eje de la experiencia humana.

Un concepto muy interesante es la Asimetría de trato.

Por ejemplo en el Diccionario de la Lengua Española,  la palabra puta tiene más de ciento cincuenta sinónimos y puto solo dos. La palabra presidenta, que tanta polémica sigue creando ya estaba en el diccionario en su 5ª edición de 1803.

Hasta 2014 se era huérfano “especialmente de padre” y hasta hace apenas un par de años gozar era “conocer carnalmente a una mujer”. A este último fenómeno de aplicar innecesariamente distintos criterios para el masculino y el femenino se le llama asimetría de trato. Es otra de las formas de discriminación sexista.

Ejemplo claro, podéis ir al diccionario y buscar estos dos términos:

Cunnilingus: Práctica sexual que consiste en aplicar la boca a la vulva. Felación: Práctica sexual consistente en la estimulación bucal del pene.

¿Se entiende así bien? En fin.

Que el masculino sea el género no marcado, y por lo tanto, que sirva para nombrar lo masculino y lo femenino, no convierte al lenguaje español en sexista?

Pues un poco sí, la verdad.

Aunque la Nueva gramática de la lengua española nos diga que el masculino es el género no marcado y, por tanto, que sirve para nombrar lo masculino y lo femenino, y que eso no hace al español sexista, no es verdad.

Aunque diga que no tiene que ver con hombres y mujeres, sino con asignaciones gramaticales independientes del sexo, no es verdad.

Aunque se nos diga que decir el niño y la niña es redundante, no lo es.
Redundante es lo que se nombra dos veces.Un niño y una niña no son lo mismo. Porque si fueran lo mismo, la propia existencia de las dos palabras sería redundante y atentaría contra la economía del lenguaje.

¿En qué consiste la feminización del lenguaje?

La feminización del lenguaje se propone adaptar la lengua a las realidades sociales y culturales, pero también se inscribe en un contexto político: el del reconocimiento de la igualdad entre hombres y mujeres y la necesidad paridad hombre-mujer.


El lenguaje políticamente correcto no cambia la realidad, la dulcifica. El lenguaje inclusivo la transforma porque sitúa en ella a un sujeto ausente. Hace múltiple lo único.
El lenguaje no sexista va mucho más allá de decir todas y todos. El lenguaje inclusivo implica ser conscientes de que hablar configura la realidad.

Conclusión.

El lenguaje da voz a las sociedades y a quienes las componen y crea modelos de identificación. La lengua, por sí no es sexista, pero quienes dan cuerpo a la gramática, a la sintaxis, quienes deciden qué palabras se definen y cuáles no en un diccionario, sí lo son.

Links de referencia:

https://www.catarata.org/libro/ni-por-favor-ni-por-favora_94215/

https://www.catarata.org/libro/mujer-tenias-que-ser_113306/

https://www.inmujer.gob.es/areasTematicas/educacion/publicaciones/serieLenguaje/docs/nombra.pdf

https://www.pikaramagazine.com/2012/03/el-mundo-en-femenino-maria-s-martin-barranco-argumenta-la-importancia-de-emplear-un-lenguaje-inclusivo/

https://elpais.com/diario/2010/11/20/opinion/1290207605_850215.html

http://www.mujeresenred.net/spip.php?article1734

https://medium.com/@emilia.alegre/el-sexismo-en-el-ux-writing-contenidos-digitales-sin-empat%C3%ADa-de-g%C3%A9nero-a8b0455d814b 

https://www.yorokobu.es/lenguaje-sexista-en-mujer-tenias-que-ser/

Olga Gómez Vivo

Creadora de contenidos y estrategia digital. Estudié Marketing y Comunicación digital lo que me dio la oportunidad de trabajar para grandes y pequeñas marcas, con la perspectiva tanto para clientes como en agencia. Junto con mi pasión por todo lo visual, nace Sutra para darle concepto, forma y color a tu proyecto.

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